¡Hola VIVILO! Comenzamos la tercera y última semana de PRIMERO ORÁ agradecidos por lo que vivimos en estos días y expectantes por lo que Dios quiere hacer en nosotros. Disfrutemos de esta última semana juntos.
Santiago 5:14 «¿Está enfermo alguno de ustedes? Haga llamar a los líderes de la iglesia para que oren por él y lo unjan con aceite en el nombre del Señor.»
Hay momentos en los que sentimos que tenemos que resolver todo solos. Guardamos lo que nos pasa, escondemos nuestras dificultades y tratamos de seguir adelante como si nada estuviera sucediendo. Pero Dios no nos llamó a caminar solos.
Dios nos dio una iglesia para acompañarnos, sostenernos, animarnos y orar unos por otros. La iglesia no es solamente un lugar al que asistimos; es un espacio en el que podemos encontrar personas con quienes compartir nuestra vida, nuestra fe, nuestras alegrías y también nuestras luchas.
Mateo 18:20 «Porque donde dos o tres se reúnen en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos.»
Miremos el ejemplo en la historia del paralítico que fue llevado a Jesús por cuatro de sus amigos.
Marcos 2:1-5 «Unos días después, cuando Jesús entró de nuevo en Capernaúm, corrió la voz de que estaba en casa. Se aglomeraron tantos que ya no quedaba sitio ni siquiera frente a la puerta, mientras él les predicaba. Entonces llegaron cuatro hombres que le llevaban un paralítico. Como no podían acercarlo a Jesús por causa de la multitud, quitaron parte del techo encima de donde estaba Jesús y, luego de hacer una abertura, bajaron la camilla en la que estaba acostado el paralítico. Al ver la fe de ellos, Jesús le dijo al paralítico: ―¡Hijo, tus pecados quedan perdonados!»
Estos hombres no se quedaron mirando el problema desde lejos, sino que se involucraron. Llevaron a su amigo hasta Jesús y, cuando encontraron un obstáculo, buscaron otra manera de acercarlo.
Muchas veces nosotros también necesitamos que alguien nos ayude a acercarnos a Jesús. Y otras veces somos nosotros quienes tenemos la oportunidad de sostener a alguien que está cansado, desanimado o atravesando una situación difícil.
¡Pero juntos somos mejores! Podemos animarnos cuando nuestra fe se debilita, sostenernos cuando estamos cansados y recordarnos mutuamente quién es Dios, aun cuando las circunstancias intentan hacernos olvidar sus promesas.
Eclesiastés 4:9-10 «Mejor son dos que uno, porque obtienen más fruto de su esfuerzo. Si caen, el uno levanta al otro. ¡Ay del que cae y no tiene quien lo levante!».
Dios nos invita a compartir nuestras cargas con otros, no a esconderlas. Esto no significa que las demás personas van a solucionar nuestros problemas, sino que no tenemos que atravesarlos en soledad. Podemos pedir ayuda, hablar con alguien de confianza, buscar consejo y, especialmente, orar juntos.
Gálatas 6:2 «Ayúdense unos a otros a llevar sus cargas y así cumplirán la ley de Cristo.».
Cuando nos unimos en oración, reconocemos que necesitamos a Dios por encima de todo, pero también reconocemos que necesitamos de otros. Nuestra vida no fue diseñada para vivir solos. Necesitamos una iglesia para crecer, servir, aprender, corregirnos, animarnos y permanecer firmes en la fe.
Por eso, no tengamos miedo de pedir oración ni dejemos pasar la oportunidad de ofrecernos a orar por los demás.
La oración puede ser la manera en la que Dios usa nuestra vida para sostener a otra persona. Una palabra de ánimo, un mensaje, un abrazo o simplemente estar presentes hace la diferencia.
Hebreos 10:24-25 «Preocupémonos los unos por los otros, a fin de estimularnos al amor y a las buenas obras. No dejemos de congregarnos, como acostumbran hacer algunos, sino animémonos unos a otros, y con mayor razón ahora que vemos que aquel día se acerca.».
El estar juntos nos recuerda que no tenemos que atravesar cada batalla con nuestras propias fuerzas. Cuando estamos cansados, alguien puede levantarnos. Cuando perdemos el ánimo, alguien puede recordarnos que
Dios sigue siendo fiel. Cuando no sabemos qué hacer, alguien puede ayudarnos a buscar a Dios.
Y así como queremos recibir apoyo, también estamos llamados a ofrecerlo.
1 Pedro 3:8 «En fin, vivan en armonía los unos con los otros; compartan penas y alegrías, practiquen el amor fraternal, sean compasivos y humildes.»
Dios nos invita a mirar a nuestro alrededor, a estar atentos a quien necesita oración, un oído que lo escuche o una palabra de ánimo.
¡No pelees solo! No escondas tus luchas por miedo a mostrarte vulnerable. Buscá personas de confianza, abrí tu corazón y permití que otros puedan caminar con vos. Y también preguntate a quién podés acompañar en este momento.
¿ESTOY CAMINANDO CON OTROS?
No fuimos creados para vivir en soledad. Podemos abrir nuestro corazón, pedir ayuda y permitir que otros nos acompañen, pero también estar disponibles para sostener a quienes nos necesitan. Queremos ser una iglesia que ora, acompaña y permanece unida, confiando juntos en que Dios sigue obrando en medio de nosotros.