¡Hola, VIVILO! Bienvenidos al día 14 de PRIMERO ORÁ. Dios no solo nos habla; también nos invita a vivir aquello que recibimos de Él. Abrí tu corazón y dejá que Dios te desafíe hoy.
Jeremías 33:3 «Clama a mí y te responderé; te daré a conocer cosas grandes e inaccesibles que tú no sabes»
La oración es el momento en el que hablamos con Dios, y le llevamos nuestras necesidades, preocupaciones y agradecimientos. Pero cuando presentamos nuestras peticiones delante de Él, podemos caer en el error de mirar solamente aquello que estamos viviendo y olvidarnos de todo lo que Dios es capaz de hacer.
Dios nos lleva a clamarle y nos promete que Él va a responder. No siempre sabemos cómo será esa respuesta ni cuándo llegará, pero podemos acercarnos con expectativa porque sabemos que Él escucha. Muchas veces, nuestros planes, deseos y peticiones son pequeños en comparación con lo que Dios quiere hacer en nosotros. Por eso, la oración nos desafía a pedir con fe, esperar con paciencia y confiar en que Dios puede obrar mucho más allá de lo que podemos ver.
Salmo 39:7 «Y ahora, Señor, ¿qué esperanza me queda? ¡Mi esperanza he puesto en ti!»
Salmo 27:14 «Pon tu esperanza en el SEÑOR; cobra ánimo y ármate de valor; ¡pon tu esperanza en el SEÑOR!»
Tener expectativa en Dios no significa exigirle que haga lo que nosotros queremos. Nuestra expectativa está puesta en Él, no en lo que puede hacer por nosotros. Podemos presentar nuestros planes, deseos y necesidades, pero también descansamos sabiendo que Dios conoce lo que es mejor para nosotros.
Nuestra esperanza es firme porque está puesta en el amor de Dios, su amor es grande y su fidelidad permanece para siempre.
Romanos 5:5 «Y esta esperanza no nos defrauda, porque Dios ha derramado su amor en nuestro corazón por el Espíritu Santo que nos ha dado»
Cuando oramos, podemos hacerlo con expectativa porque sabemos que Dios está haciendo algo, aun cuando todavía no vemos los resultados. Tal vez su respuesta sea diferente a la que imaginábamos. Tal vez tengamos que esperar más de lo que quisiéramos.
Pero nuestra esperanza no depende de que las cosas salgan exactamente como esperamos. Nuestra esperanza depende de saber que Dios sigue siendo bueno y que podemos confiar en sus planes.
Jeremías 29:11 «Porque yo conozco los planes que tengo para ustedes —afirma el SEÑOR—, planes de bienestar y no de calamidad, a fin de darles un futuro y una esperanza»
Nuestra familia, nuestros amigos, nuestro trabajo e incluso nuestras propias fuerzas pueden fallar. Pero Dios permanece. Por eso, hoy podemos elegir dónde poner nuestras expectativas. En lugar de depender de aquello que puede cambiar, ponemos nuestra esperanza en Aquel que nunca cambia.
Salmo 62:5 «Solo en Dios halla descanso mi alma; de él viene mi esperanza»
Proverbios 10:28 «El futuro de los justos es dichoso; la esperanza de los malvados se desvanece»
Lamentaciones 3:24 «Me digo a mí mismo: “El Señor es mi herencia. ¡En él esperaré!”»
Esperar en Dios no significa quedarnos de brazos cruzados. Esperar también es seguir orando, seguir creyendo y seguir caminando en obediencia, aun cuando todavía no vemos aquello que estamos esperando. Dios promete renovar nuestras fuerzas cuando esperamos en Él.
Isaías 40:31 «pero los que confían en el Señor renovarán sus fuerzas; levantarán el vuelo como las águilas, correrán y no se fatigarán, caminarán y no se cansarán»
La fe nos permite confiar en aquello que todavía no podemos ver. Quizás hoy estamos orando por algo que todavía no sucedió. Tal vez llevamos días, meses o incluso años esperando una respuesta, ¡pero no dejemos de orar! No abandonemos nuestra esperanza.
Que no veamos resultados todavía no significa que Dios no esté haciendo algo. Nuestra mayor esperanza está en que, por medio de Jesús, tenemos vida eterna.
1 Pedro 1:3 «¡Bendito sea Dios, Padre de nuestro Señor Jesucristo! Por su gran misericordia, nos ha hecho nacer de nuevo mediante la resurrección de Jesucristo de entre los muertos, para que tengamos una esperanza viva»
Efesios 3:20 «Al que puede hacer muchísimo más que todo lo que podamos imaginarnos o pedir, por el poder que obra eficazmente en nosotros»
¡Tené expectativa! Orá en grande y presentale a Dios tus peticiones, pero no intentes limitar su respuesta a lo que vos podés imaginar. Dios puede hacer mucho más de lo que vemos, entendemos o esperamos. Seguí orando, esperando y confiando. Incluso cuando no lo veas, ¡Dios está haciendo algo!
¿DÓNDE ESTOY PONIENDO MIS EXPECTATIVAS HOY?
Podemos elegir poner nuestra esperanza en Dios, aun cuando todavía no veamos una respuesta. Podemos orar con expectativa, presentar nuestras peticiones y confiar en que sus planes son mejores que los nuestros. No queremos dejar de orar cuando las respuestas tardan, queremos seguir creyendo, esperando y caminando con la certeza de que nuestra esperanza está segura en Él.